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25.9.15

Viernes de cuento: Perlas de sabiduría

Hoy tenemos otro Viernes de cuento. Se me ha hecho algo tarde para escribir la entrada. Pero dicen que los cuentos son mágicos cuando se cuentan antes de dormir... así que lo mismo viene hasta bien el retraso. Quién sabe...

PERLAS DE SABIDURÍA
Había una vez en el lejano Oriente un hombre considerado muy sabio. Un joven viajero decidió visitarle para aprender de él.
-Maestro, me gustaría saber cómo llegar a ser tan sabio como usted...
-Es realmente sencillo, -le dijo- yo solo me dedico a descubrir perlas de sabiduría. ¿Ves aquel gran baúl de perlas?
-Sí.
-Son todas las que he acumulado durante mi vida.
-Sí pero... ¿dónde puedo encontrarlas?
-Están en todas partes. Es cuestión de aprender a discernirlas. La sabiduría siempre está preparada para quien esté dispuesto a tomarla. Es como una planta que nace dentro del hombre, evoluciona dentro de él, se nutre de otros hombres y da frutos que alimentan a otros hombres.
-Aaahhhhh, ya, ya.... Lo que me está diciendo es que tengo que ir descubriendo lo que hay de sabio en cada
persona para crear mi propia sabiduría y compartirla con los demás...
En aquel momento, las palabras de aquel joven parecía como si se fueran formando una pequeña nube de vapor de agua que se condensaba hasta solidificarse en una pequeña perla. Inmediatamente el maestro la recogió para ponerla junto al resto de perlas.
El maestro le dijo:
-Realmente, mi única sabiduría es recopilar estas perlas para después saber utilizarlas en el momento oportuno.
Si consiguiéramos utilizar nuestras energías en descubrir la sabiduría que se esconde detrás de cada una de las personas que nos rodean en lugar de centrarnos en sus defectos, la vida iría de otra manera. ¿No te parece? 

Un abrazo y a disfrutar del fin de semana


12.6.15

Viernes de cuento: el consuelo

Hoy traigo un cuento corto y rico. Cargado de esas enseñanzas que tanto disfruto. Mi abuela me contaba uno parecido que me recuerda a este y que ya contaré en otra ocasión.


EL CONSUELO

"Cuentan de un sabio que un día, 
tan pobre y mísero estaba,
que solo se sustentaba 
de las hierbas que cogía. 
-¿Habrá otro-entre sí decía-
más pobre y mísero que yo?
Y, cuando el rostro volvió, halló la respuesta, viendo 
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él despreció"

Pedro Calderón de la Barca

Hoy me abstengo de mis conclusiones para dejarte sacar las tuyas propias. Piensa y medita ¿Qué te viene a la cabeza con este cuento?

Buen fin de semana ;)

5.6.15

#Viernesdecuento: La luciérnaga y la serpiente

Primer viernes del mes de Junio. Viernes de mucho calor por mi tierra y viernes de cuento en el blog. El cuento de hoy es corto, pero con mucho significado detrás. Espero que te guste.


La luciérnaga y la serpiente

"Cuenta la Leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una Luciérnaga; esta huía rápido con miedo de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir.

Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada.....En el tercer día, ya sin fuerzas la Luciérnaga paro y dijo a la serpiente:

-¿Puedo hacerte tres preguntas?

-No acostumbro dar ese privilegio a nadie pero como te voy a devorar, puedes preguntar...

-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

-No, contestó la serpiente.

-¿Yo te hice algún mal?

-No, volvió a responder.

-Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

-¡Porque no soporto verte brillar!"


El término "envidia" entraña de por sí una connotación negativa. Culturalmente siempre ha sido así. Tener envidia es malo. ¿Es esto verdad? Tener envidia no es en sí malo, aunque sí puede ser desagradable en quién la experimenta. Tan solo es una emoción que nos advierte que deseamos algo que tiene otra persona y nosotros no tenemos. Lo verdaderamente negativo es la forma en la que reaccionamos al tener envidia. Cuando reaccionamos ante esa emoción castigando al otro, rechazándolo, burlándonos o apartándolo, lo único que conseguimos son más emociones desagradables tanto en uno mismo como en la otra persona. Lo saludable sería reaccionar ante la envidia analizando cuál es la carencia que yo tengo y qué puedo hacer para conseguir lo que deseo. O bien, a veces, hay que aceptar las limitaciones que se tienen y poner el punto de referencia para seguir hacia adelante en las cosas que sí tenemos. Todos tenemos cosas maravillosas, pero nos empeñamos en mirar las cosas maravillosas de los demás y obviar las nuestras. La serpiente a lo mejor nunca podrá brillar como la luciérnaga, igual que la luciérnaga nunca tendrá una piel tan tersa y suave como la de la serpiente. Pero si la serpiente dejara que la luciérnaga se le posara un ratito encima, ambas podrían disfrutar de sus virtudes: la serpiente de una bonita luz y la luciérnaga de una piel suave. ¿Te ves reflejado/a?

Buen fin de semana ;)

22.5.15

Viernes de cuento: el médico y la granada.

Viernes de cuento en el blog. El cuento de hoy nos aporta una enseñanza muy valiosa. ¿No te pasa que a veces das un consejo o recomendación a alguien y es como si se lo estuvieras dando a la pared? ¿A veces las enseñanzas que intentas dar a tus hijos parecen que caen en saco roto? Después de leer este cuento, a lo mejor entiendes por qué. Que lo disfrutes.


El médico y la granada


"Había una vez estudiante medicina que fue a casa de un eminente médico sufí y le pidió convertirse en aprendiz en el arte de la medicina.
-Eres impaciente- dijo el doctor- y por eso fallarás en observar cosas que necesitas aprender.
Pero el joven suplicó, y el médico accedió a aceptarle. Después de algunos años el joven sintió que podía ejercer algunas de las habilidades que había aprendido. Un día un hombre se acercaba andando hacia la casa y el doctor, mirándole desde la distancia, dijo:
-Este hombre está enfermo. Necesita granadas.
-Has hecho el diagnostico, déjame recetarle y habré hecho la mitad del trabajo- dijo el estudiante.
-Muy bien- dijo el doctor-, con tal que recuerdes que la acción también debería ser considerada como ilustración.
Tan pronto como el paciente llegó al umbral, el estudiante le hizo entrar y dijo:
Usted está enfermo .Tome granadas.
- ¿Granadas?-gritó el paciente- ¡las granadas te las comes tú! ¡vaya disparate!- y se marchó.
El joven quedó asombrado y preguntó al sabio doctor cual era el significado de lo sucedido.
- Lo ilustraré cuando tengamos un caso similar- dijo el doctor.
Poco después los dos estaban sentados en el exterior de la casa cuando el doctor levantó su mirada y vio a un hombre que se acercaba.
-Aquí hay una ilustración para ti, un hombre que necesita granadas- dijo el doctor.
Hicieron entrar al paciente, y el doctor le dijo:
- Puedo ver que es usted un caso difícil e intrincado. Déjeme ver... sí, usted necesita una dieta especial. Ésta deberá estar compuesta de una fruta.... no me sale el nombre...a ver... es esférica, con pequeños alvéolos en su interior, como pequeños rubíes....es dulce...y su corteza muy amarga....pero no acierto a decir ahora mismo el nombre...
El paciente dijo con voz enérgica y alegre: 
-¡Granadas!
- Eso es- dijo el médico-  granadas. Debe de tomar usted una granada en ayunas cada día.
- El paciente se marchó contento y agradecido.
- Pero, Doctor -dijo el estudiante- ¿Por qué no le dijiste directamente "granadas"?
- Porque para que una persona tenga un cambio verdadero, la solución debe salir de ella. Sólo hay que tener paciencia.


Conocí por primera vez este cuento cuando un profesor lo contó en una de sus clases. Me hizo recapacitar en la forma que tenemos las personas de comunicarnos. Muchas veces, cuando alguien nos pide ayuda porque quiere cambiar algo, tendemos a darle la solución: "tienes que hacer esto o esto otro", "deberías hacer tal cosa"... Lo mismo pasa con la educación de los hijos. Muchas veces los padres dicen a sus hijos lo que tienen que hacer, pero pocas veces dejan que sean ellos quienes aportan las soluciones. Muy diferente sería si en vez de decirle al niño "¡dúchate ya que llegamos tarde!", le dijéramos: "Vamos a ir a tal sitio. Tenemos que estar allí a tal hora, ¿qué se te ocurre para no llegar tarde?". El hacer partícipe a los niños de las soluciones les hace madurar hacia la responsabilidad y les hace sentirse miembros activos de la dinámica familiar, por lo que disminuyen los conflictos. ¿Estás de acuerdo?

Buen fin de semana,

15.5.15

Viernes de cuento: la rana y el agua hirviendo

Lo que hoy os relato, más que un cuento, es una metáfora basada en un experimento real, pero me parece muy interesante porque ejemplifica muy bien un aspecto de la vida que suele pasar con demasiada frecuencia.

La rana y el agua hirviendo


"Si echamos una rana en una olla con agua hirviendo, ,esta salta inmediatamente hacia fuera y consigue escapar. En cambio si ponemos una olla con agua fría (a veces dicen temperatura ambiente) y echamos una rana, ésta se queda tranquila y nada libremente. Y si a continuación empezamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reacciona sino que se va acomodando a la temperatura hasta que pierde el sentido y, finalmente, muere achicharrada"


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Esta fábula, bastante desagradable por cierto, nos aporta la enseñanza de algo que nos ocurre a las personas: tendemos a acomodarnos en aquello que conocemos, lo que se llama la zona segura o zona de confort y podemos llegar a permanecer allí incluso limitando nuestras posibilidades, aunque nos vaya la vida en ello. Nos adaptamos a esos cambios que poco a poco nos llegan y apenas nos damos cuenta de la realidad en la que estamos metidos: aumento de trabajo, estrés, rodeándonos de gente que no nos beneficia...y un largo etc. ¿Qué opinas tú de esta metáfora? ¿Hay algún aspecto de tu vida que ha sufrido pequeños cambios a lo largo del tiempo y apenas te has dado cuenta de que la situación es insostenible? 

Buen fin de semana,


8.5.15

Viernes de cuento: El secreto

Hoy traigo este cuento que descubrí el otro día leyendo el libro "Los siete poderes, un viaje a la tierra del destino" de Álex Rovira, que por cierto, me está gustando mucho lo que llevo leído. El cuento está escrito en el prólogo del libro y al leerlo me encantó. Lo comparto con vosotros.

EL SECRETO

"Hace muchos, muchos años, los hombres conocían el secreto que permitía que anhelos y sueños se hicieran realidad. Pero abusaron de él de tal manera que los sabios responsables de cuidarlo decidieron esconderlo en un lugar al cual sólo pudiera llegar quien verdaderamente lo mereciera. Pero ¿dónde ocultar el que probablemente era el tesoro de mayor valor para la humanidad?


Uno de los miembros del consejo de sabios sugirió enterrarlo en lo más profundo de la tierra, pero sus compañeros objetaron que tarde o temprano alguien excavaría hasta los rincones más profundos del planeta para dar con él. 
Otro de los sabios propuso llevarlo hasta la más alta de las cumbres y enterrarlo allí, bajo la nieve eterna. Pero hubo quien objetó que llegaría el día en que muchos hombres y mujeres serían capaces de escalar la más alta de las cimas y descubrir el tesoro. 
El resto de sabios le dio la razón e inquietos siguieron discutiendo. Al cabo de un rato un tercero tomó la palabra y dijo que sin duda el mejor escondite era el más profundo de los abismos del mayor de los océanos. «Tampoco ése será un buen lugar. Algún día habrá seres humanos que aprenderán a navegar por los abismos del mar y, sin duda, lo hallarán», replicaron otros. 

Desanimados y resignados, uno por uno, los miembros del consejo de sabios se miraron con expresión de honda tristeza ya que no había lugar en la tierra donde ocultar el secreto que convertía los sueños en realidad. Tras un largo silencio, el más anciano y discreto de todos tomó la palabra y casi en un susurro, dijo: «Hay un lugar, sólo un lugar, al que muy pocos serán capaces de llegar para encontrar el tesoro». La expectación fue máxima. Hubo entonces un revuelo; murmullos, exclamaciones y miradas de estupor se cruzaron entre el resto de miembros del consejo. «¡¿Cuál es ese lugar, maestro?!», preguntó inquieto uno de los sabios al anciano. «El corazón... Lo ocultaremos en el corazón de cada hombre y cada mujer que viva en este hermoso planeta. Cada corazón debe albergar este extraordinario tesoro, ya que muy pocos tendrán el coraje, la perseverancia, la fe, la humildad y la paciencia de mirar en su interior y desvelar el secreto. 


Sólo aquellos que sean capaces de descubrir que la mayor de las riquezas y el mayor de los poderes reside en su corazón deben ser dignos de acceder al tesoro.» Y así fue como en un pacto sagrado y a través de un encantamiento, hace ya miles de años, el secreto queconvierte en realidades los anhelos del alma descansa en el corazón de cada uno de nosotros."

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Nada más que añadir. ¿Qué te ha hecho sentir o pensar el cuento?

Buen fin de semana,

1.5.15

Viernes de cuento: El verdadero valor del anillo

Siempre que a una madre o a un padre le preguntan "¿Qué quieres para tu hijo?" la respuesta suele ser: "que sea feliz". Y siempre he pensado que esa es la respuesta esperada, la correcta. Ser feliz es la esencia de la vida, en verdad lo que todo el mundo quiere y desea. Pero ¿Hay algo antes que eso? Hace poco me di cuenta que sí. El cuento que hoy os traigo lo ejemplifica muy bien. 


El verdadero valor del anillo

"Hace mucho tiempo, un joven discípulo acudió a su maestro en busca de ayuda.
Su gran preocupación era que sentía que no valía para nada y que no hacía nada bien. Quería que los demás le valorasen más.
El maestro sin mirarlo, le replico: 
-“Me encantaría poder ayudarte pero en estos momentos estoy ocupado con mis propios quehaceres. Quizás si me ayudases a solucionarlos podría acabarlos antes y ayudarte”.
El díscipulo aceptó a regañadientes ya que de nuevo sintió que sus preocupaciones eran poco valoradas. El maestro le entregó un anillo que llevaba en el dedo y le dijo: 
-“Coge un caballo y cabalaga hasta el mercado más cercano. Necesito que vendas este anillo para pagar una deuda.Y lo más importante es que trates de conseguir la mayor suma posible pero no aceptes menos de una moneda de oro por él”.
Y así el discípulo cabalgó hasta el mercado más cercano para vender el anillo.
Empezó a ofrecer el anillo a diferentes mercaderes que mostraban interés en él hasta que les decía el precio: una moneda de oro.
La mayor parte de los mercaderes se reían al escuchar la suma, salvo uno de ellos que amablemente le indicó que una moneda de oro era muy valiosa para darla a cambio del anillo.
Frustrado y cansado, el discípulo cablagó de nuevo a casa del maestro sabiendo que no había podido cumplir con el encargo que le había hecho.
-“Maestro, no he podido vender tu anillo por una moneda de oro”, le dijo cabizbajo. “Como mucho ofrecían un par de monedas de plata, pero no he podido convencer a nadie sobre el verdadero valor del anillo”.
-“Tienes razón en algo”, le contestó el maestro. “Necesitamos conocer el verdadero valor del anillo”. “Coge de nuevo el caballo y ve a visitar al joyero del pueblo. Pregúntale por el verdadero valor del anillo. Y sobre todo no se lo vendas”.
Y así cabalgó de nuevo hasta el joyero del pueblo quien, tras examinar detenidamente el anillo, dictaminó que éste valía ¡58 monedas de oro!.
“¿¿58 monedas de oro??” replicó el joven asombrado.
Y con esa buena noticia cabalgó de nuevo a devolverle el anillo a su maestro.
El maestro, le pidió que se sentase y que escuchase lo que tenía que decirle:
“Tu eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal sólo puede evaluarte un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu valor?"

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Así, para mí, lo más importante en la vida y lo que los padres deben de querer para sus hijos es que se valoren a sí mismos, que se quieran. Una persona que se valora es feliz. No necesita que nadie apruebe sus actos, su físico o sus emociones. Una persona que se valora a sí misma consigue lo que quiere. Vuela libre. Quererse y valorarse a sí mismo es la llave que abre las puertas de la felicidad.

Un abrazo, buen fin de semana ;) y feliz día del trabajador.

24.4.15

#Viernesdecuento: La verdadera riqueza


El cuento de hoy es corto, pero muy poderoso. Encierra en él la esencia de la vida, que muchas veces se nos olvida. Para quienes hemos elegido vivir un poquito más SLOW (aunque no siempre lo consigamos) nos viene muy bien. Me trae buenos recuerdos porque mi padre me lo ha contado muchas veces, pero como si fuera un chiste. Y para ponerlo en el blog yo lo he sacado de aquí.


La verdadera riqueza 


Un hombre rico veraneaba en un pueblo de pescadores. Cada mañana, solía pasear por la playa, y siempre veía a un pescador dormitan­do en su barca. Un día se le acercó y, tras los saludos de rigor, le dijo:
—Y usted... ¿no sale a pescar?
—Bueno... sí... —repuso el pescador—: salí esta mañana temprano, y no se dio mal.
—Y... ¿no va a salir otra vez?
—¿Para qué? Ya pesqué lo suficiente para hoy.
—Pero si usted pescara más, conseguiría más dinero, ¿no?
—¿Y para qué quiero más dinero, señor?
—Bueno, con más dinero podría usted tener un barco más grande.
—¿Un barco más grande?
—Pues claro... Con un barco mayor usted conseguiría más pesca, y más pesca significa más dinero.
—¿Y para qué quiero yo tanto dinero?
—Pero... ¿no lo entiende usted?: con más dinero podría comprar varios barcos, y entonces pescaría mucho más, y se podría hacer rico.
—¿Yo? ¿Ser rico?
—Sí, claro... ¿acaso no desea ser rico? Podría usted comprarse una casa bonita, tener un coche, viajar, tener toda clase de comodi­dades...
—¿Y para qué quiero yo esas comodidades?
—¡Dios mío!... ¿Cómo es posible que no lo entienda?... Si usted tuviera comodidades y riquezas, entonces podría usted retirarse a disfrutar y descan­sar.
—Pero, caballero... ¿no ve usted que eso es justo lo que estoy haciendo ahora? FIN


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¿A que es bonito? ¿A que encierra una sabiduría inmensa? A mí me encanta y lo recuerdo muchas veces en mi vida. Espero que a tí tampoco se te olvide ;)

Un abrazo, 
MªJosé 

17.4.15

#Viernesdecuento: La olla embarazada


http://www.morguefile.com/archive#/?q=pot&sort=pop&photo_lib=morgueFile
Viernes. Viernes de cuento en el blog. El siguiente cuento es del libro de Jorge Bucay "Déjame que te cuente". Siempre que lo leo no puedo evitar sonreír, porque esta situación se da tantas veces en la vida... ¿Qué te parece a ti?




LA OLLA EMBARAZADA

Un señor le pidió una tarde a su vecino una olla prestada. El dueño de la olla no era demasiado solidario, pero se sintió obligado a prestarla. A los cuatro días, la olla no había sido devuelta, así que, con la excusa de necesitarla fue a pedirle a su vecino que se la devolviera.
—Casualmente, iba para su casa a devolverla... ¡el parto fue tan difícil!
— ¿Qué parto?
— El de la olla.
— ¡¿Qué?!
— Ah, ¿usted no sabía? La olla estaba embarazada.
— ¿Embarazada?
— Sí, y esa misma noche tuvo familia, así que debió hacer reposo pero ya está recuperada.
— ¿Reposo?
— Sí. Un segundo por favor –y entrando en su casa trajo la olla, un jarrito y una sartén.
— Esto no es mío, sólo la olla.
— No, es suyo, esta es la cría de la olla. Si la olla es suya, la cría también es suya.
“Este está realmente loco”, pensó, “pero mejor que le siga la corriente”.
— Bueno, gracias.
— De nada, adiós.
— Adiós, adiós.
Y el hombre marchó a su casa con el jarrito, la sartén y la olla. Esa tarde, el vecino otra vez le tocó el timbre.
—Vecino, ¿no me prestaría el destornillador y la pinza? ...Ahora se sentía más obligado que antes.
—Sí, claro.
Fue hasta adentro y volvió con la pinza y el destornillador. Pasó casi una semana y cuando ya planeaba ir a recuperar sus cosas, el vecino le tocó la puerta.
— Ay, vecino ¿usted sabía?
— ¿Sabía qué cosa?
— Que su destornillador y la pinza son pareja.
— ¡No! –dijo el otro con ojos desorbitados— no sabía.
—Mire, fue un descuido mío, por un ratito los dejé solos, y ya la embarazó.
— ¿A la pinza?
— ¡A la pinza!... Le traje la cría –y abriendo una canastita entregó algunos tornillos, tuercas y clavos que dijo había parido la pinza.
“Totalmente loco”, pensó. Pero los clavos y los tornillos siempre venían bien. Pasaron dos días. El vecino pedigüeño apareció de nuevo.
— He notado –le dijo— el otro día, cuando le traje la pinza, que usted tiene sobre su mesa una hermosa ánfora de oro. ¿No sería tan gentil de prestármela por una noche? Al dueño del ánfora le tintinearon los ojitos.
— ¡Cómo no! –dijo, en generosa actitud, y entró a su casa volviendo con el ánfora perdida.
—Gracias, vecino.
—Adiós.
—Adiós.
Pasó esa noche y la siguiente y el dueño del ánfora no se animaba a golpearle al vecino para pedírsela. Sin embargo, a la semana, su ansiedad no aguantó y fue a reclamarle el ánfora a su vecino.
— ¿El ánfora? –dijo el vecino – Ah, ¿no se enteró?
— ¿De qué?
— Murió en el parto.
— ¿Cómo que murió en el parto?
— Sí, el ánfora estaba embarazada y durante el parto, murió.
— Dígame ¿usted se cree que soy estúpido? ¿Cómo va a estar embarazada un ánfora de oro?
— Mire, vecino, si usted aceptó el embarazo y el parto de la olla. El casamiento y la cría del destornillador y la pinza, ¿por qué no habría de aceptar el embarazo y la muerte del ánfora? FIN.


¿Prefieres escuchar el cuento?

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Las personas debemos de tomar las decisiones acordes a la honestidad y no al bien de uno. No vale aceptar cuando pierde el otro y gana uno mismo y quejarse solo cuando gana el otro y pierde uno.  ¿Qué piensas tú? 

Buen fin de semana,

MªJosé

10.4.15

#Viernes de cuento: El oso

Ya viernes. Viernes de cuento en el blog. La entrada de hoy llega un poco tarde, pero llega. Este cuento es uno de mis preferidos (la verdad que tengo un montón de preferidos, porque cada uno trata un tema interesante). Este es de Jorge Bucay y nos habla de esperanza, de vivir el presente. ¿Hay algo mejor? A mí me hace recordar que las preocupaciones por cosas que no sé si van a suceder me hacen no vivir el presente.



 EL OSO

Ésta es la historia de un sastre, un zar y un oso. Un día, el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído. El zar era caprichoso, autoritario y cruel. Así que, furioso por la ausencia del botón, mandó a buscar al sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado. Nadie contradecía al emperador de todas las Rusias, así que la guardia fue hasta la casa del sastre y, arrancándolo de entre los brazos de su familia, lo llevó a la mazmorra para que esperara allí su muerte. Al atardecer, cuando el carcelero le llevó la última cena, el sastre meneó la cabeza y musitó: “Pobre zar”.
- ¿Pobre zar? Pobre de ti- dijo el guardia.
- Tú no me entiendes- dijo el sastre- ¿Qué es lo más importante para nuestro zar?
- ¿Lo más importante? No lo sé. Su pueblo.
- Digo algo realmente importante para él.
- ¡Ya lo sé! ¡Su oso!
- Eso. Su oso. Mañana, cuando el verdugo termine conmigo, el zar perderá su única oportunidad de conseguir que su oso hable.
- ¿Tú eres entrenador de osos?


 
- Un viejo secreto familiar…..-dijo el sastre.
Deseoso de ganarse los favores del zar, el pobre guardia corrió a contarle al soberano su descubrimiento. ¡El sastre sabía enseñar a hablar a los osos! El zar estaba encantado. Mandó a buscar inmediatamente al sastre y, cuando lo tuvo frente a sí, le ordenó:
- ¡Enséñale a mi oso nuestro lenguaje!
- Me encantaría complacerle, ilustrísima- contestó es sastre bajando la cabeza-, pero enseñar a hablar a un oso es una tarea ardua y lleva tiempo….Lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo.
- ¿Cuánto tiempo llevará el aprendizaje?
- Depende de la inteligencia del oso.
- ¡El oso es muy inteligente!- interrumpió el zar-. De hecho, es el oso más inteligente de todos los osos de Rusia.
- Bien. Si el oso es inteligente….y siente deseos de aprender….yo creo que el aprendizaje duraría…..no menos de ……¡dos años!
El zar pensó un momento.
- Bien. Tu pena será suspendida durante dos años mientras entrenes al oso. ¡Mañana empezarás!- ordenó.
- Alteza- dijo el sastre-. Si me conmuta la pena, yo no tendré tiempo para dedicarme a su oso. Deberé trabajar de sastre para mantener a mi familia.
- Eso no es problema- dijo el zar-. A partir de hoy, y durante dos años, tú y tu familia estaréis bajo protección real. Seréis vestidos, alimentados y educados con el dinero del zar. Pero eso sí: si dentro de dos años el oso no habla, te arrepentirás de haber pensado esta propuesta…… Entiendes, ¿verdad?
- Si, alteza.
- ¡Guardias!- grito el zar-. Que lleven al sastre a su casa en el carruaje de la corte. Dadle dos bolsas de oro, comida y regalos.
Cuando todos en casa lloraban por la pérdida del padre de familia, el sastre apareció en la casa en el carruaje del zar, sonriente, eufórico y con regalos para todos.
La esposa del sastre no cabía en sí de su asombro. Su marido volvía exitoso, acaudalado y exultante. Cuando estuvieron solos, el hombre le contó los hechos.
- ¡Estás loco!- gritó la mujer-. ¡Enseñar a hablar al oso del zar! Tú, que ni siquiera has visto un oso de cerca. Estás loco.
- Calma, mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana, y ahora tengo dos años. En dos años pueden pasar tantas cosas….En dos años, se puede morir el zar….Me puedo morir yo…..Y lo más importante: ¡a lo mejor el oso habla!

Os dejo el video del cuento, contado por Jorge Bucay. 
¿Vosotr@s también os angustiais por algún acontecimiento futuro? La vida da muchas vueltas y nunca sabes a dónde te va a llevar. Lo único cierto es el presente, así que hay que disfrutarlo. 
Buen fin de semana,
MªJosé

3.4.15

#Viernes de cuento: Las estrellas de mar

Viernes Santo, viernes de procesiones, viernes de descanso para muchos y viernes de cuento en el blog.

Este cuento Sufí es especial. Está lleno de significado y se puede aplicar a tantas situaciones de la vida... Disfrútalo.

 

Las estrellas de mar

Había una vez un escritor que vivía a orillas del mar; una enorme playa virgen donde tenía una casita donde pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para su libro. Era un hombre inteligente, culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes de la vida.

Una mañana mientras paseaba a orillas del océano vio a lo lejos una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y lanzarlas otra vez al mar.


El hombre le preguntó al joven que estaba haciendo. Este le contestó:
- “Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y muchas morirán”.
Dijo entonces el escritor:
-” Pero esto que haces no tiene sentido, primero es su destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa, nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”.
El joven miró fijamente al escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó ” para ésta… sí tiene sentido”. 


El escritor se marchó un tanto desconcertado, no podía explicarse una conducta así. Esa tarde no tuvo inspiración para escribir y en la noche no durmió bien, soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas.
A la mañana siguiente corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas…FIN.

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¿Cuántas veces cuando hemos intentado ayudar a alguna persona o animal hemos pensado o nos han dicho que nuestra ayuda no tiene sentido porque no podemos salvar el mundo? Siempre podemos ayudar a los demás y poner nuestro granito de arena, por pequeño que sea. Para nosotros puede ser pequeño, pero para alguien puede ser todo un mundo. Para este blog, este cuento también tiene mucho significado. Tal vez no ayudará a mucha gente (o sí), pero con ayudar sólo a una persona a afrontar alguna situación difícil de su vida o sacarle una sonrisa, ya merece la pena trabajar en él.



¿Qué conclusión sacas tú del cuento?




Un abrazo y buen fin de semana,

MªJosé

27.3.15

Viernes de cuento: El círculo del 99

¡Ya es viernes!, viernes de Dolores, viernes de vacaciones para algunos, viernes inicio del fin de semana para otros... En cualquier caso, día especial para disfrutar de otro cuento. Este cuento es para meditar atentamente. Que lo disfrutes.


EL CÍRCULO DEL 99

Un rey que se encontraba muy triste tenía un sirviente que era muy feliz. Despertaba al rey, cantando alegres canciones y su actitud para con la vida era simple y serena.
El rey le dijo un día:” ¿cuál es el secreto de tu alegría”. Él respondió: “Majestad, no tengo razones para estar triste. Tengo a mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados por su alteza ¿cómo no estar feliz?”.
 
El rey no consiguió explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de sobras. Entonces llamó al más sabio y le dijo:

-¿Por qué él es feliz?
-Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo

-A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz. 
-Así es. 
-¿Y cómo salió?
-Nunca entró
-¿Qué circulo es ese?
-El círculo del 99.
-Verdaderamente, no te entiendo nada.
-La única manera para que entendiera, sería mostrártelo en los hechos.
-¿Cómo?
-Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
-Eso, obliguémoslo a entrar.
-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
-Entonces habrá que engañarlo.
-No hace falta, Su Majestad. 
-Si le damos la oportunidad, él entrará solito. Son pocos los hombres tan grandes que son capaces de resistir.
-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
-No, al contrario. Pensará que es su fortuna.
-Y después, cuando se sienta infeliz, ¿no podrá salir?
-Sí podría, pero muy pocos hombres son capaces de lograrlo. 
-¡Qué esperas, hagamos la prueba!.
-Majestad, ¿Está dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
-Sí.
-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
-¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso? Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
-Hasta la noche.

  


Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste.” Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y entró en su casa. El rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido de la bolsa sobre la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían, ¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60 hasta que formó la última pila: ¡¡¡9 monedas!!! Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.“No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja. ¡Me robaron! -gritó- ¡¡¡me robaron, malditos!! Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro ¡sólo 99!. "99 monedas es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo, pensaba. Cien es un número completo pero noventa y nueve, no. 



El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguno de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?.  Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. “Doce años es mucho tiempo”, pensó. Quizás pudiera decirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡¡¡Era demasiado tiempo!!! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender.... vender.... Vender.... estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. 


El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99... Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y amargado. 

-¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo. 
-Nada me pasa, nada me pasa.
-Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo. 
-Hago mi trabajo, ¿No? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también? 

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje del círculo del 99.

                                                                                   FIN

Aquí os dejo la historia narrada, que tiene su encanto especial.

 ¿Qué te ha parecido la historia? ¿Te suena? La sociedad en la que vivimos nos invita sutilmente a meternos dentro del círculo: tengo que ahorrar para tener móvil de última generación, coche nuevo, casa enorme, última tecnología, no me caso o no tengo hijos hasta que no tenga casa propia, coche... y un largo etc. Una vez que lo conseguimos nos volvemos a meter en otros círculos. La consecuencia es que no disfrutamos de lo que tenemos y ponemos la vista en lo que no tenemos y deseamos y eso nos lleva a trabajar más y más. 
¿Cuál es tu reflexión? 

Buen fin de semana
MªJosé

3.10.13

Fábula de la gallina y el huevo (para reflexionar)

Hace tiempo me topé con esta fábula del Dr. Carlos González. Le encuentro mucha gracia, a la vez que refleja una realidad. Con esto no quiero decir que no haya que ir al hospital a dar a luz, ni que sí haya que hacerlo… es sólo una reflexión. Un cuento que me hace pensar… Pues el ser humano discurre tanto… y quiere hacer las cosas tan instrumentalizadas… que se olvida de sus raíces y de su naturaleza. Léela con atención, si es varias veces mejor y permítete reflexionar sin posicionarte. 

                                             
"EL PERRO, EL GATO Y LA GALLINA"


    Picoteaba un día una gallina
 entre unos desperdicios de cocina
 cuando le sobrevino un deseo urgente  
de alzar la vista al frente 
y caminar con paso vacilante
 (el cuello para atrás y para adelante)
  hacia un montón de paja allí dispuesto.
Cacarea, se sienta, se menea,
pica, repica, suplica, tuerce el gesto,
se levanta, se vuelve, cacarea,
puja, empuja, apretuja y pone un huevo.

Un gato, que de todo fue testigo
(aunque el suceso no era nada nuevo)
reflexiona, lamiéndose el ombligo:
“A las puertas del siglo XXI,
y que aún pongan los huevos de uno en uno!”
No alcanza a comprender su alma felina
que una simple gallina,
no sabiendo de ciencia, ni de oficio,
sin el auxilio de gente preparada,
ni acceso al beneficio
de la moderna técnica avanzada
esté a poner un huevo autorizada.

Se acerca el gato a un perro que dormita
al sol junto al corral
y al oído unas frases le musita
en tono coloquial:
“¿Se ha fijado, colega
en cómo pone la gallina, ciega
al peligro, sin método ni nada?
Hemos de poner fin a un sufrimiento
que hace de las gallinas instrumento
de la naturaleza desatada.” 

“Tiene razón”, responde el aludido,
“que es la puesta una empresa complicada
para hacerla en un nido.
Hay que abrir un centro veterinario,
a modo de huevario,
en el que sea la puesta controlada
y el huevo por expertos atendido.”

Buscar deciden, pues, a la gallina
que a la puesta parezca más cercana,
y resulta ser tal la Serafina.
El gato le pregunta: “Dime, hermana,
¿no notas de algún huevo la venida?”
“Nada noto” — “¡Es puesta retenida!”
“Hemos de proceder sin dilación.
Estírate para la exploración.”
“¿Me siento así?” — “¡No, tonta, boca arriba!”

Procede a desplumar el perineo (¡qué vergüenza!). 
“Colega, ya lo veo.
Con una lavativa
y una infusión de hormonas adecuada
habremos de inducir ahora la puesta;
y una vez dilatada,
hacer palanca con una cuchara
y recoger el huevo en una cesta.”

(Hubo de dar el gato una tajada,
porque, si no, no entraba la cuchara.)
 Ya se extiende la voz: ¡Por fin la ciencia
da respuesta a este problema diario!

Las gallinas, con suma diligencia
acuden al huevario.
Y es fama que de ciento que allí ponen
son las cien boca arriba desplumadas
las noventa tajadas,
las cincuenta inducidas, cuarenta
instrumentadas, y algo más de treinta
salen con un buen corte en la barriga.

Tan sólo una recela: nuestra amiga
que iniciaba esta historia.
Porque es gallina vieja, que ya ha puesto
mucho huevo en la vida, y todo esto
le huele más a esclavitud que a gloria. 

¿No ha de tener mi cuento moraleja?
Hela aquí: Mujer, no seas gallina,
y si lo eres, sé gallina vieja.
Pregunta al que entusiasta te aconseja
métodos tan científicos y nuevos.
“Ayudas tú en verdad a la gallina,
o sólo vienes a tocar los huevos?”

Dr. Carlos González


¿Os ha gustado? ¿Cuál es vuestra reflexión? 

Cuento: “Dos en un burro” cómo la vida misma…

Cuento extraído del Cónde Lucanor. Es uno de mis preferidos, pues refleja lo que todos vivimos día tras día. Cuando tenemos que tomar una decisión o hacer algo muchas veces nos frena el qué dirán. ¿A tí te pasa? Pues este cuento te va a hacer reflexionar.
Dos en un burro (El conde Lucanor)

“Un buen hombre tenía un hijo que, aunque joven, era muy inteligente. Cada vez que el padre se disponía a hacer algo, el hijo le decía: “Eso que queréis hacer puede saliros mal”, pues ya se sabe en la vida, pocas son las cosas que no presentan alguna dificultad.
El padre salía así muy perjudicado, pues su hijo lo apartaba de hacer muchas cosas que le convenían. Y es que, cuanto más despiertos son los muchachos, más fácil les resulta equivocarse, pues tienen iniciativa para emprender las cosa pero les falta la experiencia necesaria para rematarlas bien. El caso es que el hombre, tras soportar los errores de su hijo durante largo tiempo, se decidió a corregirle con la siguiente lección:
El hombre y su hijo eran labradores y vivían cerca de una villa. Un día, el padre le dijo al muchacho:
- Hoy hay mercado en la ciudad, así que iremos a comprar algunas cosas, y llevaremos al burro para traer la carga.
Así que fueron al mercado. Por el camino, iban los dos a pie, de tal modo que el burro no llevaba carga alguna. Y sucedió que, al poco de salir de su casa, se cruzaron con unos hombres que venían de la ciudad. Charlaron con ellos y , tras despedirse, aquellos vecinos empezaron a murmurar:
- Este hombre y su hijo no saben lo que hacen, pues llevan al burro descargado y ellos van a pie.
Cuando el buen hombre oyó aquello, le preguntó a su hijo:
- ¿Piensas que tienen razón?
- Sí -respondió-, pues, yendo el burro sin carga, no es sensato que nosotros vayamos a pie.
- Pues, si así lo crees -dijo el padre-, sube al burro.
El hijo obedeció, y siguieron su camino.
Un poco más adelante se encontraron a otros dos vecinos. Y, tras despedirse de ellos, aquellos dos hombres empezaron a decir:
- Este vecino nuestro no sabe lo que se hace, pues va a pie, siendo viejo, y en cambio deja que su hijo vaya montado en el burro, a pesar de que el mozo tiene fuerzas bastantes para caminar todo lo que haga falta.
Al oír aquello, el labrador le preguntó a su hijo:
- ¿Crees que esos dos hombres tienen razón?
- Sí, padre- dijo el muchacho.
- Entonces, baja del burro, que me subiré yo.
Al poco rato, toparon con otros dos hombres, que dijeron:
- ¡Menudo disparate! El padre deja que su hijo, que no es más que un chiquillo sin apenas fuerzas, vaya a pie, y en cambio él, que está acostumbrado a soportar las fatigas, va a lomos del burro.
Entonces el labrador le preguntó a su hijo:
- ¿Qué te parece lo que dicen esos hombres?
- Me parece que tienen razón- respondió el mozo.
- Entonces, sube conmigo en el burro y así ninguno de los dos tendrá que ir caminando.
De modo que subieron los dos al burro y siguieron su camino. Y, yendo así, encontraron otros hombres, que comenzaron a decir:
- ¡Cómo pueden ir montados los dos en el burro si la bestia está tan flaca que apenas puede caminar…!
Al oír aquello, el labrador le preguntó a su hijo:
- ¿Qué te parece lo que dicen estos hombres?
- Me parece que tienen razón -respondió.
Entonces el padre se quedó mirando a su hijo y le respondió de esta manera:
- Hijo mío, cuando salimos de casa los dos íbamos a pie y llevábamos el burro descargado, y dijiste que te parecía bien. Después unos hombres murmuraron que era un disparate ir los dos a pie y te mandé a subir en el burro mientras yo iba caminando, y dijiste que eso era lo correcto. Luego encontramos a otros hombres que criticaron lo que hacíamos, y por eso bajaste tú y monté yo, y tú dijiste que eso era lo mejor. Pero más tarde otros murmuraron que no estaba bien que tú fueses a pie, así que te mandé subir conmigo, y tú dijiste de nuevo que estábamos haciendo lo mejor. Y ahora estos nos censuran porque piensan que no está bien cargar tanto al burro, y tú le das la razón. Así que te ruego que me digas qué debemos hacer ahora, pues ya lo hemos probado todo y cada vez nos han dicho que nos equivocábamos.
El hijo se quedó callado, y el padre dijo:
- No creas que todo esto es casualidad, hijo. Y es que jamás harás nada que contente a todo el mundo, pues, aunque obres de la mejor manera posible, nunca faltará alguno que venga a criticarte. Así que haz en cada ocasión lo que te parezca más conveniente sin escuchar lo que te digan los demás, pues, con respecto a las cosas ajenas, la gente siempre habla a tontas y a locas.
Si no dañáis a nadie, haced lo que os convenga,
y que la gente vaya diciendo lo que quiera.”
Libro: El conde Lucanor
 Moraleja
Trasladado al tema que nos ocupa entiende este cuento de la siguiente manera: decidas lo que decidas en lo que respecta a lactancia, estilos de crianza, educación…siempre va a haber gente que te critique y gente que lo vea bien. Así que ¿qué debes hacer? Elegir siempre con cabeza y con el corazón lo que te haga sentir mejor y creas que beneficia a tu hijo/a y a vosotros como padres. Pues esa será la decisión correcta para tí.