3.10.13

Fábula de la gallina y el huevo (para reflexionar)

Hace tiempo me topé con esta fábula del Dr. Carlos González. Le encuentro mucha gracia, a la vez que refleja una realidad. Con esto no quiero decir que no haya que ir al hospital a dar a luz, ni que sí haya que hacerlo… es sólo una reflexión. Un cuento que me hace pensar… Pues el ser humano discurre tanto… y quiere hacer las cosas tan instrumentalizadas… que se olvida de sus raíces y de su naturaleza. Léela con atención, si es varias veces mejor y permítete reflexionar sin posicionarte. 

                                             
"EL PERRO, EL GATO Y LA GALLINA"


    Picoteaba un día una gallina
 entre unos desperdicios de cocina
 cuando le sobrevino un deseo urgente  
de alzar la vista al frente 
y caminar con paso vacilante
 (el cuello para atrás y para adelante)
  hacia un montón de paja allí dispuesto.
Cacarea, se sienta, se menea,
pica, repica, suplica, tuerce el gesto,
se levanta, se vuelve, cacarea,
puja, empuja, apretuja y pone un huevo.

Un gato, que de todo fue testigo
(aunque el suceso no era nada nuevo)
reflexiona, lamiéndose el ombligo:
“A las puertas del siglo XXI,
y que aún pongan los huevos de uno en uno!”
No alcanza a comprender su alma felina
que una simple gallina,
no sabiendo de ciencia, ni de oficio,
sin el auxilio de gente preparada,
ni acceso al beneficio
de la moderna técnica avanzada
esté a poner un huevo autorizada.

Se acerca el gato a un perro que dormita
al sol junto al corral
y al oído unas frases le musita
en tono coloquial:
“¿Se ha fijado, colega
en cómo pone la gallina, ciega
al peligro, sin método ni nada?
Hemos de poner fin a un sufrimiento
que hace de las gallinas instrumento
de la naturaleza desatada.” 

“Tiene razón”, responde el aludido,
“que es la puesta una empresa complicada
para hacerla en un nido.
Hay que abrir un centro veterinario,
a modo de huevario,
en el que sea la puesta controlada
y el huevo por expertos atendido.”

Buscar deciden, pues, a la gallina
que a la puesta parezca más cercana,
y resulta ser tal la Serafina.
El gato le pregunta: “Dime, hermana,
¿no notas de algún huevo la venida?”
“Nada noto” — “¡Es puesta retenida!”
“Hemos de proceder sin dilación.
Estírate para la exploración.”
“¿Me siento así?” — “¡No, tonta, boca arriba!”

Procede a desplumar el perineo (¡qué vergüenza!). 
“Colega, ya lo veo.
Con una lavativa
y una infusión de hormonas adecuada
habremos de inducir ahora la puesta;
y una vez dilatada,
hacer palanca con una cuchara
y recoger el huevo en una cesta.”

(Hubo de dar el gato una tajada,
porque, si no, no entraba la cuchara.)
 Ya se extiende la voz: ¡Por fin la ciencia
da respuesta a este problema diario!

Las gallinas, con suma diligencia
acuden al huevario.
Y es fama que de ciento que allí ponen
son las cien boca arriba desplumadas
las noventa tajadas,
las cincuenta inducidas, cuarenta
instrumentadas, y algo más de treinta
salen con un buen corte en la barriga.

Tan sólo una recela: nuestra amiga
que iniciaba esta historia.
Porque es gallina vieja, que ya ha puesto
mucho huevo en la vida, y todo esto
le huele más a esclavitud que a gloria. 

¿No ha de tener mi cuento moraleja?
Hela aquí: Mujer, no seas gallina,
y si lo eres, sé gallina vieja.
Pregunta al que entusiasta te aconseja
métodos tan científicos y nuevos.
“Ayudas tú en verdad a la gallina,
o sólo vienes a tocar los huevos?”

Dr. Carlos González


¿Os ha gustado? ¿Cuál es vuestra reflexión? 

¿Cuándo hay que visitar a una madre y su recién nacido?

Siempre que hay un nacimiento en mi entorno me surge la misma duda: ¿cuándo debo ir a conocer al bebé? ¿nada más nacer, en el hospital? ¿Nada más llegar a casa? ¿A los días de llegar a casa?

Realmente es un tema cultural y cada persona prefiere una cosa y por eso da quebraderos de cabeza. Así pues, ¿qué es lo correcto? Si vas pronto, puede que la madre no esté preparada y tu visita no sea de su agrado, y si vas tarde puede parecer que no te importa ni ella ni el recién nacido… (cosa que no es así)
Aquí es tradición que cuando nace un bebé tooooodo el mundo va al hospital a conocerlo, y nada más venir a casa toooodo el mundo va a verlo. Es algo que todos hacemos sin pensar, porque “es lo que se hace” Pero digo yo… ¿Y en la pobre madre (y en el bebé) quién piensa? NADIE. ¿Acaso por ser tradición significa que es lo más beneficioso para la madre y para su bebé? Veamos…
En otros países, por ejemplo en Noruega, como me comentó mi amiga Marianne hace unos días, no se permite a la familia subir a la habitación del hospital, porque se respeta el silencio absoluto. La madre necesita tranquilidad. Si se reciben visitas debe hacerse en una sala habilitada para ello. Lo que yo diga, van 20 años adelantados a España.
Una pregunta que yo me hago es ¿realmente a cuántas madres les gustan las visitas en los primeros momentos (horas, días…) de dar a luz? ¿Nos paramos a pensarlo? Yo creo que prácticamente a ninguna. Y digo prácticamente por decir algo, por si hay una entre 10000 no pillarme los dedos… Pues no hay mujer con la que hables que no te exprese la ansiedad de los primeros días por las visitas.
Si analizamos las cosas, somos los únicos mamíferos que al dar a luz toda la familia acude. Creo que la naturaleza es sabia y si los demás mamíferos no lo hacen por algo será. Pero claro, para eso está el ser humano: para pensar y discurrir (eso sí se nos da bien…) y establecer un “rito”, una “tradición” de hacer visitas a las mamás que acaban de dar a luz.
Cuando un animal da a luz es normal escuchar “no te acerques, que puede aborrecer a la cría” “Déjala tranquila, que se estresa y necesita tranquilidad” ¿Acaso las hembras humanas no? ¿Tan diferentes nos consideramos? Pues está bien estudiado que si los niveles de las hormonas de estrés están por las nubes se secreta menos leche, la sensibilidad hacia el bebé decrece y puede incluso aparecer depresión. ¿Eso no se debe tener en cuenta? ¿Acaso no es importante?
Cuando una mujer da a luz debe estar tranquila, pendiente de su bebé y sin que la moleste nadie. Las reglas y los límites los debe marcar ella. Porque habrá mujeres que se estresen más y otras menos. Habrá algunas que se encuentren cómodas y felices con toda la habitación llena de familia y amigos felicitándola y pletóricos de alegría por el nacimiento del pequeño. Pero habrá otras que en esa misma situación (en principio maravillosa), no se encuentren a gusto, necesiten descansar, les incomode sacarse el pecho para dar de mamar al bebé, y no les apetezca estar escuchando hablar a todos, todas las recomendaciones, felicitaciones, historias….Simplemente necesitan intimidad.   Pero eso no quiere decir que sean peores personas ni que quieran menos a su familia. Simplemente no se encuentran en condiciones de atender bien a sus familiares y amigos. Seguro que en cuanto pasen unos días esa mamá a la que se le ha respetado su intimidad estará de nuevo en disposición de atender alegremente a todo el que quiera dar la enhorabuena y conocer al bebé.
La madre, al dar a luz, se encuentra agotada, con un bebé al que cuidar, y una nueva situación a la que adaptarse. Esto requiere tiempo, paciencia y TRANQUILIDAD.
Entonces, ¿Cómo actuar bien? ¿Cuál sería la solución? La comunicación. Sí, eso simplemente.
Si se estableciera una buena comunicación entre la madre/padre y la familia y amigos los padres tendrían la libertad de decidir cuándo quieren recibir a las visitas, sin que nadie se lo tome a mal.
Como cada parto es diferente, y cada persona también, la mejor manera de hacer lo correcto sería llamar a la mamá o al papá y preguntar qué es lo que quiere, sin compromisos. Ésta te debería de dar una respuesta sincera y hay que respetarla sin juzgar.
No hay formas de actuar mejores y peores, todo depende de la situación y de la persona, pero lo fundamental es el respeto. Eso que no se pierda nunca.
 ¿Qué piensas sobre esto? Me encantaría leer tu opinión.

Por favor, Tócame

Esta semana quería compartir con vosotr@s este texto tan precioso que habla de lo importante que es el contacto físico para el ser humano.

Por favor, Tócame


Si soy tu bebé, tócame
necesito tanto que me toques…
No te limites a lavarme, cambiarme los pañales y alimentarme.
Méceme junto a tu cuerpo, besa mi carita y acaricia mi cuerpo.
Tu caricia relajante y suave expresa seguridad y amor.
Si soy tu niño/a, tócame.
Aunque yo me resista y te aleje,
persiste, encuentra la manera de satisfacer mis necesidades.
El abrazo que me das por las noches ilumina mis sueños.
El modo en que me tocas durante el día me dice cómo sientes.
Si soy tu adolescente, tócame.
No creas que por ser casi adulto no necesito sentir que aún me cuidas.
Necesito tus brazos cariñosos y tu voz llena de ternura.
Cuando el camino se vuelve difícil, el niño que hay en mí te necesita.
Si soy tu amigo, tócame.
No hay nada que me comunique mejor tu cariño que un abrazo tierno.
Una caricia curativa cuando estoy deprimido
me asegura que me quieres, y me informa que no estoy solo.
Tu contacto pudera ser el único que logre.
Si soy tu compañero sexual, tócame.
Podrías creer que basta la pasión, pero sólo tus brazos alejan mis temores.
Necesito tu toque de ternura que me da fe,
y me recuerda qeu soy a mado porque soy como soy.
Si soy tu hijo adulto, tócame.
Aunque tenga mi propia familia para tocar,
aún necesito que me abracen mamá y papá cuando me siento triste.
Como padre yo mismo, mi visión ha cambiado y los valoro aún más.
Si soy tu padre anciano, tócame,
como me acariciaban cuando era pequeño.
Coge mi mano, siéntate cerca de mí, dame tu fuerza,
y calienta mi cuerpo cansado con tu proximidad.
Mi piel está arrugada, pero goza cuando es acariciada.
No Tengas Temor, Sólo Tócame.
Phyllis K. Davis

Desarrollar la creatividad construyendo juguetes

Cuando era pequeña me encantaba la mansión de Barbie, una gigante, con purpurina en las paredes. ¿La recordáis? Fantaseaba con tenerla, me encantaba. Cada vez que la anunciaban en televisión o íbamos a Toysrus me quedaba embobada mirándola con los ojos como platos. Lo malo es que costaba una pasta y mis padres tenían que servir muchas comidas en el restaurante hasta ahorrar para comprarla, así que me quedé sin ella.

Pero no penséis que no tuve casa de muñecas. Tuve una mejor. Sí, sí, mejor, pues me la construyó mi padre. Me hizo con madera una estantería cerrada por detrás. Gigante, con tres alturas partidas por la mitad (osea, 6 habitaciones). Aún recuerdo cuando estaba clavando los clavos para unir las maderas. ¡Qué nervios! ¡qué ganas de verla terminada! y una vez que estaba lista qué buenos ratos pasé decorándola y jugando con ella. En esa jugué con más ilusión que si me hubieran comprado la verdadera. Y lo recuerdo con más alegría y amor.
Mi marido me cuenta con emoción cómo su padrino era un experto de hacer cometas. Disfrutaban todos los primos de esos ratos de construcción y luego de las agradables tardes de domingo volando las cometas en el campo. También me cuenta ilusionado cómo su abuelo (uno de los mejores abuelos del mundo, tengo que decirlo), mientras paseaban por la orilla del río cogía una caña y con su navaja les hacía a su hermano y a él unos pitos con los que eran los reyes del colegio al día siguiente.
Y es que, para que disfrute un niño, ¿hace falta gastarse tanto dinero en juguetes? pues va a ser que no.
Además, está el tema de la creatividad, muy desarrollada en la infancia y que se va perdiendo a medida que crecemos (será de no utilizarla, que se atrofia…). Los juguetes vienen súper equipados. Lo hacen todo. ¿pero esto es tan bueno o se trata de un buen márketing? Una muñeca que come, bebe, hace pipí, hace popó, se ríe, llora, mueve la cara, cierra los ojos, habla, anda…. ¿qué deja a la imaginación? Los niños necesitan imaginar, probar, construir, crear… sólo así podrán brillar en todo su esplendor (bueno, con esto y con mucho cariño, respeto y límites adecuados y bien definidos)
Los niños disfrutan más construyendo sus propios juguetes, con ayuda de los padres. Disfrutan de ese momento tan especial (y lo recuerdan el resto de sus vidas) y disfrutan del mejor juguete del mundo (al menos para ellos, ya que lo han construido ellos y sus adorados padres, y esto no hay nada que lo supere).
Esto resulta divertido, se garantiza pasar buenos ratos en familia (que no hay dinero que pueda pagar esto), es económico, se enseña al niño que no es necesario que todo se compre (se evita el consumismo, tan de moda en estos tiempos) y que también lo puede hacer él (aumenta su percepción de valía, reforzando su autoestima) y si además utilizamos materiales reciclados estaremos ayudando al medio ambiente y dando una lección importante a los pequeños. ¿Se puede pedir más? Yo creo que no.
Aquí os dejo unas cuantas ideas que he encontrado por la red. Hay muchas más, sólo hay que buscar… Internet está plagado de buenas ideas de las que se puede echar mano si no se tiene la suficiente imaginación (que no es que no se tenga, sino que no sabemos encontrarla…) o nos pilla un día poco inspirados. Espero que os sean útiles.
Caballo clásico con un calcetín. Puedes ver el tutorial aquí.

Cocinita de juguete. Con unas cajas de cartón, unos CDs viejos, unos tapones…podemos hacer esta preciosa cocinita. La primera vez que la vi me enamoré. La tengo guardada en una carpeta, que cuando tenga a mis pequeños la haré seguro seguro seguro.

Coches y otros vehículos de transporte con materiales reciclados
Un divertido barco para las muñecas. Este hubiera sido de mis preferidos en mi infancia, porque me pasaba las horas en la bañera con mis juguetes. 

Robot de última generación

Una hucha para que aprendan a ahorrar

Disfraces, bien para carnaval o simplemente para jugar


Y hay muchas cosas más que se pueden hacer. El catálogo de estos juguetes es infinito. Si os loe proponéis os esperan horas y horas de diversión en familia. Aprovechadlas y disfrutadlas, porque es lo que recordarán los hijos cuando crezcan.
Y tú ¿qué juguete “hecho a mano” recuerdas con cariño de tu infancia?

El efecto Pigmalión

Se llama así al efecto que ejercen las expectativas que se depositan sobre una persona e influyen en el redimiendo que ésta obtendrá  en base a dichas expectativas generadas.

En un lenguaje que entendemos todos: si a un niño le dices que no vale para nada, crecerá creyendo eso y actuando en consecuencia, por lo que no desarrollará sus capacides todo lo que es capaz realmente.
En Psicología a este efecto también se le llama profecía autocumplida.

¿Tiene base científica?

En una investigación llevada a cabo por Robert Roshental y Leonore Jacobson (considerados los padres del efecto Pigmalion)  en 1964, se ve clarmamente las consecuencias de este efecto. Para llevarla a cabo eligieron una escuela en California y se plantearon la siguiente pregunta: ¿Las expectativas favorables del educador inducen por sí mismas un aumento significativo en el rendimiento escolar de sus alumnos? Para comprobarlo realizaron un test de inteligencia a todos los estudiantes de la escuela. Denominaron al azar a un grupo de estudiantes que “supuestamente” sobresalían del resto y se lo comunicaron al profesor (sin éste saber que eran al azar). Tras esto, realizaron un seguimiento y una medición del avance de los alumnos durante el curso en relación al incremento del coeficiente de inteligencia. Y determinaron que efectivamente los alumnos “identificados como superdotados”  lograron obtener ventajas comparativas sobre sus compañeros.

¿El efecto siempre es negativo?

No, se puede dar en ambas direcciónes:
Efecto pigmalión positivo: El efecto pigmalión positivo se refiere a aquel cuyas expectativas son positivas, demostrando al sujeto que creemos en él. Así, provocamos en éste un aumento de la autoestima y del aspecto en concreto.
Ejemplo: el padre que le dice al hijo: “¡ay, pero qué listo eres! qué bien haces los deberes”. Este comentario aumentaría la autoestima del niño y se esfuerza en hacer bien los deberes y en sacar buenas notas, y lo más importante: lo consigue, porque se cree capaz, porque creen en él.
Efecto pigmalión negativo: El efecto pigmalión negativo se refiere a aquel cuyas expectativas son negativas. No se cree en el sujeto y se le hace saber (mediante palabras o gestos), por lo que provoca una disminución de la autoestima del sujeto y de su percepción de valía y del aspecto en concreto.
Ejemplo: el padre que le dice al hijo: ¡eres tonto! No haces nada bien. ¡Mira qué letra más fea tienes! Hay que esforzarse más, pero para qué, si no vas a llegar a nada….” Ese comentario influiría negativamente en la autoestima del hijo y en su perspectiva de eficacia, por lo que si su padre (que se supone que sabe más que él, lo quiere más que nadie y quiere lo mejor para él) le dice eso es que realmente no vale para nada. Así, este chico disminuye su percepción de valía, cree que en realidad no vale para los estudios y no se esfuerza, porque cree que todo esfuerzo es en vano, puesto que no tiene la capacidad. Así, no desarrollará todo lo que es capaz realmente.

El origen del efecto pigmalión

El efecto pigmalión tiene su origen en un mito griego, en el que un escultor llamado Pigmalión se enamoró de una de sus creaciones: Galatea. A tal punto llegó su pasión por la escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva. El mito continúa cuando la escultura cobra vida después de un sueño de Pigmalión, por obra de Afrodita, al ver el amor que éste sentía por la estatua, que representaba a la mujer de sus sueños.
Este suceso fue nombrado como el efecto pigmalión ya que superó lo que esperaba de sí mismo y al creer que la estatua estaba viva esta llegó efectivamente a estarlo.

Conclusiones

Se suele ver este efecto muy bien en las aulas. Los profesores tienen unas expectativas sobre el alumnado y se las transmite. Los alumnos en quienes el profesor deposita mejores expectativas son siempre los que destacan más, y progresan más y mejor que los que aquellos a los que el profesor transmite expectativas de baja capacidad.
Este efecto no es sólo válido para niños, pues todo el mundo se enfrenta a él.
Así las expectativas que han tenido nuestros padres sobre nosotros nos han influido. Y las que han tenido nuestros profesores, y nuestros amigos, y nuestros jefes y compañeros trabajo y vecinos y demás familiares…. Y nuestras expectativas sobre ellos también les han influido a todos. Y nos siguen y seguimos influyendo.
Ahora mismo me llega a la cabeza un cuento de Jorge Bucay que refleja mucho esto. No lo tengo a mano, pero lo buscaré y lo subiré, porque es muy interesante.
Fijáos las expectativas que tenemos sobre otros la influencia que ejerce en ellos y lo positivo o negativo que puede llegar a ser.
Darse cuenta de eso no siempre es fácil, y a veces hacemos cosas o las decimos sin pensar. Los padres siempre quieren lo mejor para los hijos, pero a veces se comete este error de forma inconsciente. Lo bueno es que conociéndo e identificándolo se puede cambiar.Siempre se puede cambiar. Poco a poco.
Para sacar el máximo beneficio de este efecto intenta centrárte en las cosas buenas de los demás y házlas saber. Si alguien es bueno en algo díselo. Con esto tan sencillo lo estarás potenciando.
En los hijos hay que centrarse en las cosas que hacen bien, más que en las que no lo hacen tanto. No conozco a nadie que no sepa hacer nada bien. En algo siempre se destaca. Sólo hay que buscar…
Ahora que ya sabes lo que es el efecto Pigmalión, ¿lo puedes identificar en tu día a día? ¿Has dejado de hacer algo que te hubiera gustado por creer que no eras capaz, porque te decían que no valías? Me encantaría leer tu experiencia.